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Lideres manipuladores

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Publicado por en Informes ·
Tags: ManipulaciónChantajeIntimidaciónMaldiciones
Cuando uno se despierta a estas realidades, comienza a ver que en las iglesias también se practica sugestión, métodos de propaganda y técnicas hipnotizantes, dice un famoso hipnotista Argentino que es parte de la comunicación, por ejemplo un buen vendedor la usa, así también un elocuente orador.



A veces una prolongada repetición rítmica de determinada frase, a gritos o con variaciones de tono, produce su deseado resultado de una “histeria” colectiva.

Por otra parte, sirven como ejemplo las maratónicas de TV Enlace son un constante uso de sugestión. ¿Cómo es posible que en cada maratónica, los locutores y predicadores puedan anunciar invariable y repetidamente que «hay una tremenda unción aquí, o se siente poderosamente la presencia de Dios aquí»?

Cabe la sospecha legítima de que es más bien sugestión, o inducir el pensamiento del televidente con miras a crear la impresión de algo misterioso y maravilloso para que la gente envíe sus ofrendas.

Otra forma de manipulación bastante común en muchas iglesias es el chantaje, consiste en emplear promesas o amenazas de juicio para someter o manejar a las personas. En el sentido más amplio, «el evangelio de las ofertas» y «la teología de la prosperidad», cuando se emplean para provecho personal (que ocurre muy frecuentemente), califican como chantaje o extorsión.

Casi siempre estas promesas y amenazas apelan al egoísmo, diciendo si da se le multiplicara o si no da caerá en la miseria como cuando se «profetiza» un gran futuro de fama y éxito para personas inseguras («serás el Billy Graham del siglo XXI»). Muy comúnmente estas promesas producen confusión en sus víctimas y les provocan mucho daño, además de sacarlos de la realidad.




Intimidar a la gente

Muy relacionada con estos chantajes es la intimidación, cuya expresión más grave son las frecuentes maldiciones que se lanzan contra las personas. Estas maldiciones son el colmo, el acabose, del chantaje:

¿Robara el hombre a Dios? o si sales de esta congregación quedaras excluido del reino, a merced del diablo y otras muchas.

Por falsas que sean, estas mal, y ejercen una tremenda fuerza para infundir terror y puede arruinar la vida de las personas

Muy generalizada en nuestros días es la teología de la sumisión incondicional, una teología de la autoridad absoluta (del apóstol, profeta o pastor) que condena y prohíbe toda crítica.

Es un autoritarismo a ultranza más cercano a la curia romana que al Nuevo Testamento.

Produce pastores que son dictadores, que pretenden controlar (y lo logra) la vida de los creyentes.

Para enamorarse, casarse, comenzar un plan de estudios (o dejarlo), aceptar un empleo (o rechazarlo o renunciar a él), para todo se necesita el “visto bueno” del soberano pastor (apóstol, profeta).


El texto sagrado para este movimiento autoritario, que ahora aparece por todos lados, es Mateo 7.1: «no juzguéis, para que no seáis juzgados». Otras maneras sagradas son «no toquéis al ungido del Señor» o la murmuración de Miriam y la lepra con que Dios la castigó, un tema muy de moda y recurrente en sus enseñanzas entre estos ungidos es el ¡espíritu de Absalón!

Cuidar el testimonio

Se olvidan que Mateo 7.1 condena la criticonería de los fariseos, que pretendían juzgar a los demás sin ser juzgados ellos, que juzgaban la paja en el ojo ajeno sin reconocer la viga en su propio ojo (7.3–5; cf. Ro 2.1)

Lejos de prohibir la crítica sana y responsable, en seguida el pasaje nos llama a guardarnos de los falsos profetas, lobos vestidos de ovejas (7.15) y a conocer a todos por sus frutos (7.16–20), no por su palabrería espiritual (7.21–23). Según Juan 7.24 Jesús nos manda «juzgar con justo juicio» (cf. Lc 7.43; cf. 12.57); a los corintios, San Pablo les exhortó a «juzgad vosotros mismos» (10.15; 11.13) y les avisa que «el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie» (ni de «apóstoles» ni de «profetas»; 1Co 2.15; cf. 1Jn 2.27).

Con la supresión de la sana crítica, estos líderes se aseguran un espacio casi ilimitado para manipular a sus feligreses, y así amoldarlos a sus propias costumbres que propician sus propios intereses o proyectos.

Dato curioso es que estos líderes (profetas, «apóstoles»), al igual que los fariseos, se atribuyen la más amplia libertad para criticar a otros, sin permitir que otros los critiquen a ellos, con astucia comentan periódicamente desde el pulpito sobre la “otras” iglesitas” acarreando agua para su molino y en ocasiones adulándose así mismos y a miembros de su propia familia, recordando sus hazañas trabajo o logros personales, así construyen poder o mitología familiar.




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