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El camino más difícil

Radio Gospel Bojacá
Publicado por en Informes ·
Tags: PensarArriesgadoAutoritarismoMalosHabitos
Pensar con cabeza propia es a veces arriesgado e incómodo, por lo que, en la confusión de los cambios rápidos de nuestra época, muchas personas buscan la seguridad en autoridades que piensen por ellos. Pero eso no es sano y no es la voluntad del Señor.



El autoritarismo no ofrece ningún futuro

La supuesta autoridad delegada es un concepto anti bíblico, la verdad es que si alguna autoridad tenemos es moral fruto de el trabajo en la obra o el testimonio personal, en realidad la única autoridad reside en las escrituras, cuando la exponemos fielmente estamos declarando una autoridad propia de la escrituras y de quien la escribió, no nuestra, cristo no dejo papas que guíen la iglesia, si dejo un testamento, y son solo las escrituras, que contienen la verdad que fue defendida en muchos casos con sangre por muchos hombres y mujeres reformadores a través de mas de dos mil años.

Una expresión especial de este autoritarismo manipulador es esa supuesta autoridad incuestionable de los «profetas». Casi siempre, estos ministros comunican, con actitud autoritaria, o de “autoridad” afirmando que su profecía es de origen divino y sería pecado cuestionarla.

A menudo la expresión de su cara declara, «yo soy profeta, que no me cuestione nadie». Pero lo bíblico es todo lo contrario: «todos ustedes tienen el Espíritu, juzguemos e interpretemos todos juntos esta palabra que he recibido» ya no tenemos Griegos Escitas ni otro, sino que somos uno en cristo por lo tanto iguales, totalmente iguales, solo diferentes en dones,

(1Tes 5.20–21; 1Cor 14.29). Se repite con mucha liviandad la fórmula «en el nombre del Señor», como si el Señor estuviera a la orden y disposición incondicional de estas personas.


Malos hábitos

Algunos ejemplos más: Cuando reconocemos nuestra responsabilidad como pueblo de Dios y comenzamos a analizar lo que ocurre en la Iglesia, descubrimos muchos ejemplos de manipulación, algunos inconscientes o por costumbre o ignorancia, pero otros con clara intención de engañar.

Engañoso es el corazón del hombre y perverso ¿Quién podrá conocerlo?

Sabemos que este pasaje nos enseña que ni nosotros mismos podemos saber que esta pensando o induciendo nuestro corazón, Jesús enseña que de él salen todos los malos pensamientos.

Un problema, mayormente sin intención de manipular, es el abuso del Amén inmediato, tan extendido en casi todas las iglesias. Cuando se pregunta, «¿cuántos dicen Amén», se está presionando a la gente a expresar su acuerdo con lo expuesto, con lo que se reduce su posibilidad por falta de tiempo de discrepar o aun de asentir espontáneamente.

Es una táctica para inducir al asentimiento artificial. Hoy día «la cultura del amén» produce mucho daño a la iglesia. A veces uno ve en las congregaciones personas que vocean su «amén» antes de que el predicador haya terminado la frase que está pronunciando.

«Amén» es un signo de exclamación

Igualmente cuestionable es la costumbre de exigir: «repita después de mí» o «diga a la persona que está a su lado tal o cual cosa». O agá esto u aquello.

Es tratar al público como a tontos, incapaces de pensar con su propia cabeza. A veces llega hasta lo ridículo. Una vez oí a un predicador exclamar «¡Wow¡» y después: «Repitan todos conmigo: ¡Wow!».


Sofocar lo espontáneo

En la misma categoría ubicaría el «den un buen aplauso para el Señor».

Pero la realidad es si vamos a exclamar «amén», debe nacer con espontaneidad de nuestros corazones, no por manipulación ni por costumbre ciega.

Muchas veces hoy día se emplea música de trasfondo durante el sermón o la invitación final para crear un ambiente o un «mood». Es manipulación evidente y vergonzosa, delante del señor, que no necesita ni nos enseña estas cosas.

La respuesta debe nacer del poder de la Palabra misma y del Espíritu Santo, no del talento del tecladista o predicador.


Mucho se manipula a la gente durante la invitación evangelística.

Cantar «Tal como soy» treinta y cinco veces buscando la emoción es sugestión y manipulación.
Hace muchos años escuché a un famoso evangelista apremiar: «Levante su mano, nadie lo está mirando, no le voy a pedir nada más»: para luego presionar: «Ahora, no yo, sino el Espíritu Santo, le pide a usted pasar adelante al altar».

Torcer las Escrituras

Como ejemplo final, es conveniente mencionar cómo se manipulan las Escrituras para que la gente exprese lo que el predicador quiere o lo que ayude más a su sermón. A veces buscamos la traducción más amable o que se ajuste más a nuestro concepto, en vez de la más fiel.

La meta principal de todo sermón, sea doctrinal o evangelístico, no es impactar a los oyentes ni emocionarlos para sacar algún tipo de ganancia humana, sino ser fieles a la palabra de Dios y darles a ellos la oportunidad de oírla, solo eso.

En ese sentido, Bernard Ramm ha escrito: «el ministro debe tratar su texto exegéticamente antes de tratarlo homiléticamente» (Hermenéutica, T.E.L.L. 1976).

Utilizar las Escrituras en servicio del éxito personal u otros intereses es manipular peligrosamente el texto sagrado.

Conclusión:

Frente a sus rivales y detractores en Corinto, que desconocían su apostolado y preferían la elocuente retórica de Apolos (1Co 1.12; 3.4–6; 4.6; Hch 18.24–19.1), Pablo no responde desde una posición de poder sino de una impresionante sinceridad y vulnerabilidad: «Cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría…. Estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres sino en el poder de Dios». (1Co 2.1–5)

Estas palabras, que llegan hasta la motivación más profunda del apóstol, revelan dos cualidades que deben caracterizar a todo siervo de Dios: humildad e integridad. Ese carácter, y esas actitudes, jamás permitirían una vida de manipulación. Gracias a Dios, ha habido y hay muchos miles de personas cuyas vidas y ministerios son auténticos y fieles..

Con tristeza tenemos que reconocer que los valores del mundo de hoy se han infiltrado en la iglesia, tanto en los predicadores y líderes como en los creyentes en las bancas.

Entre los famosos predicadores, en sus megaiglesias y sus programas de televisión, con todo su éxito, resulta mucho más difícil encontrar los grandes valores espirituales de los gigantes del pasado, pero en las pequeñas iglesias tambien es dificil hacerlo. Aunque, gracias a Dios, existen excepciones muy notables, muchas (diría que la mayoría) de estas personalidades públicas parecen soberbias, con la arrogancia que les otorga su «éxito».

Muchos también dan la impresión de estar jugando algún papel, más como actores de teatro que como siervos del Señor de señores, autodenominándose “guías” cuando para nada son necesarios ya que la GUIA es la palabra del señor, los pastores son y deben ser los que alimentan el rebaño llevándolos a cristo a través de la escrituras, las que deben conocer y exponer fielmente.

¡Cómo quisiera estar equivocado en este análisis tan poco halagador! Pero es lo que se desprende de la realidad sin ningún tipo de positivismo irrealista sino solo la verdad.



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