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Mi padre no me ayudó, no lo créo

Radio Gospel Bojacá
Publicado por en Jóvenes ·
Tags: AyudaSocorroRescateJóvenes
Esta historia es la de un chico del cual sus padres viven en una pequeña granja en medio de las montañas, alejados de la ciudad. Un día fue a visitarlos y pasó allí el fin de semana, era tan agradable que no quería volver a casa. Pero estaba por caer la noche y era hora de regresar. Mientras volvía se dio cuenta que el camino se había tornado difícil en algunos tramos, debido a una tormenta que cayó por la tarde. Y cuando iba a mitad del trayecto llegó a un punto lleno de fango y desafortunadamente su auto se atascó, intentó avanzar pero las llantas solo patinaban en el lodo.



Se bajó e intento sacar el auto de aquel lugar, de una y otra forma, pero sus esfuerzos eran inútiles y la desesperación comenzó a embargarle. El camino era desolado y oscuro, no había nadie que pudiera ayudaarle. En verdad deseaba que pasara alguien y lo auxiliara. De pronto a lo lejos apareció un auto, parecía ser su salvación. Le hizo señales para que se detuviera, pero el carro no reducía su velocidad. A toda marcha pasó a su lado, sin detenerse un instante. No imaginan el asombro que se llevó aquel chico, no solo por el hecho de que aquel auto no se detuviera, sino porque el conductor era mi padre. No podía creerlo, ¿Qué podría haber pasado? Si propio padre no le había reconocido, quizás porque estaba oscuro, pensó. Pero aún si fuera un desconocido, podría haber parado para ayudarlo.

Él seguio insistiendo en hacer algo para salir de aquella situación, cuando de pronto vio la luz de un auto que venía de regreso. Volvio a hacer señales y el automotor se detuvo. Era su padre nuevamente, pero esta vez conducía un enorme tractor. Le reclamó porque no había parado la primera vez. Sin embargo, él le explicó que lo había visto pero no podía detenerse porque habría quedado atrapado en el fango también. Así que había pasado a toda velocidad y fue a pedir prestado el tractor a un amigo, para volver a a rescatarlo. Así pudo sacarlo de aquel apuro.

Esa noche aquel chico aprendio una lección que se aplica muy bien a la vida cristiana.

Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia. Salmos 46:1 NVI

Cuando estamos en apuros, pedimos ayuda desesperadamente a nuestro Padre Celestial, y muchas veces nos ha parecido que Dios nos ignora y nos abandona en medio de la desesperación. Sin embargo no es como parece. Dios nos escucha y nos mira. Y siempre tiene un plan para nosotros, pero a veces no lo entendemos, porque no aparece la solución en la forma y el momento que nosotros esperamos.

Ten presente, no dudes que él pronto llegará con la mejor de las soluciones para tu problema. Ten fe y espera, que tu Padre nunca te abandonará.

Huellas divinas



2 Comentarios
Voto medio: 124.5/5
Pedro M.
2018-10-08 01:17:45
Saludos desde Guatemala. Los extrañaba
Elim O.
2018-10-08 01:16:45
Dios siempre está para acudir a nuestra ayuda!

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